domingo, octubre 20, 2013

¡Miento!



Aquella ciudad se trataba de una pequeña miseria tranquila y modesta, no era cuestión ya de desesperación, por el contrario: aquello era más bien confortable. 

En sus barrios, pese a la simpatía de los transeúntes, uno nunca podía sentirse cómodo; había en el aire una crueldad inquieta y sin reposo.

Tengo horror de emborracharme –explicó con humildad–; bebo, pero me niego a la embriaguez con todo mi cuerpo.

Era transparente hasta el infinito y estaba podrido hasta el infinito.

La muchacha les parecía doblemente desnuda, porque era torpe.

“!Miento¡” Su decadencia, sus lamentaciones, eran mentiras, vacío, él se había lanzado hacia el vacío, hacia la superficie de sí mismo, para escapar de la insostenible presión de su verdadero mundo.

Lola es una racionalista, carece de misterio. Y además, demasiado buena. Me odia pero con un odio grueso, redondo, sano, con un odio de mujer honrada.


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