domingo, octubre 20, 2013

¡Miento!



Aquella ciudad se trataba de una pequeña miseria tranquila y modesta, no era cuestión ya de desesperación, por el contrario: aquello era más bien confortable. 

En sus barrios, pese a la simpatía de los transeúntes, uno nunca podía sentirse cómodo; había en el aire una crueldad inquieta y sin reposo.

Tengo horror de emborracharme –explicó con humildad–; bebo, pero me niego a la embriaguez con todo mi cuerpo.

Era transparente hasta el infinito y estaba podrido hasta el infinito.

La muchacha les parecía doblemente desnuda, porque era torpe.

“!Miento¡” Su decadencia, sus lamentaciones, eran mentiras, vacío, él se había lanzado hacia el vacío, hacia la superficie de sí mismo, para escapar de la insostenible presión de su verdadero mundo.

Lola es una racionalista, carece de misterio. Y además, demasiado buena. Me odia pero con un odio grueso, redondo, sano, con un odio de mujer honrada.


domingo, octubre 13, 2013

Hasta el hastío


No hay nada que odie y aborrezca más que un café descafeinado, es el claro reflejo de nuestra virtual existencia, es un producto que carece de su esencia primordial, es un amague, una burla, un simulacro de realidad. Nosotros no somos de esos jovencitos mamones que leen poesía hasta el fastidio. Jamás nos enamoraremos de las cosas perecederas, como tampoco nos convertiremos en engreídos inofensivos. Supongo que ya no nos creemos ese cuento de estar hastiados, o que jugamos con la muerte gracias al alcohol y el frenesí de la música, porque para desgracia de los dos aún nos quedan otros 50, o quizá 70 míseros años por vivir.

Hay personas que sufren las crisis de los 30, de los 50, de los 20 o de los 40, pero nosotros sufrimos una hecatombe cada año, nosotros padecemos la crisis de los 21, de los 22, de los 23, hasta el final de los años. Esto nos pasa por estar soñando sueños impropios. Lo que me lleva a preguntarte: ¿Aún crees en tu libertad y albedrío? No sé quién de los dos está más solo, porque los recuerdos se van limando con los días. Quizá es el sistema capitalista en su lógica de desperdicio y de obsolescencia. Tu y yo somos eternos para el otro, por eso el tiempo entre los dos se ha detenido, a pesar de estar inmersos en un universo ideal y cotidiano. Nuestros padres nos prepararon un mundo donde la “vida real” está desmaterializada, es como un espectáculo. La vida que nuestros padres nos heredaron no es más que una inmersión en la realidad, que a su vez se organiza y se aguanta de la fantasía. Y lo peor de este cuento es que fuimos sometidos a una realidad diaria limitada por la falta de simbolismos, o sea, que nuestra vida es un desierto de símbolos, o como lo llaman en Matrix, el desierto de lo real.

Cuando estoy contigo es como estar solo y ha de ser por eso que me gusta estar contigo. Trato de leer las noticias a diario, y constantemente aparecen esos eufemismos de terrorismo, democracia, derechos humanos o libertad, son los disfraces del lenguaje moderno, también palabras como amor, amistad, sexo, entre otras, que no nos permiten acercarnos a lo que es realmente importante. Porque todo lo que creemos sobre la libertad, realmente es una pantomima de nuestra falta de libertad. De qué sirve la libertad de pensamiento si al final podemos pensar todo lo que queramos y tan libre como queramos pero debemos obedecer. Tenemos la aparente autonomía, una libertad para escoger únicamente la respuesta correcta, la vida correcta, la familia correcta, la moral correcta, el presidente correcto, en fin.


viernes, octubre 04, 2013

Inequívoco

Por estos días la mierda de mi país me ha alcanzado. Resulta que estaba hablando con una amiga cuya inclinación sexual es bisexual, si es que eso dice algo de alguien. Dicha amiga, es una joven colombiana igual que otras 5 millones que habitan en mi país, nacida y criada en Bogotá, de una familia de estrato alto, de apariencia agradable. Se encuentra terminando sus estudios en la Universidad Javeriana. Acontece que ella se encontró para almorzar con un grupo de amigas del colegio, otras tres jovencitas normales de mi amada Colombia, dos de ellas estudiantes de la supuesta mejor universidad del país, la prestigiosa Universidad de los Andes. Mi amiga les contó que desde que había terminado con Daniel, no se había vuelto a sentir tan feliz como con su nueva amante. Otra mujer normal de Bogotá cuya única diferencia es que prefiere los coños a los falos. No fue más que comentar que estaba saliendo con otra mujer, para que sus grandiosas amigas la interrogaran y la desprestigiaran, incluso una se burló de ella. Esto no me sorprendería de no ser porque estas mujeres pertenecen a la clase educada y “culta” de nuestra sociedad.


Yo que pensaba que los prejuicios y los sesgos mentales se derrumban con la educación. Pero no, porque la que más se mofó y despotricó de la condición de mi amiga, fue una tal Carolina que está terminando un pregrado de antropología en Los Andes, si este estúpido ser humano no es capaz de utilizar sus estudios para derrumbar las barreras arcaicas de nuestra cultura, quién más podrá. Cuando me enteré de esto, no pude contenerme, y le pregunte a uno de mis mejores amigos, cuál es el problema de nuestra sociedad, y él asertivamente me dijo: quizá lo que está mal es nuestro individualismo mal direccionado.


Bajo los parpados de nuestra marchita sociedad se pudren las mujeres. El concepto de genero nos fragmenta como grupo humano. Es como un árbol cuyas hojas alcanzan el cielo pero olvida sus raíces. ¿Será que algún día nuestra sociedad sofocará el destino negativo que la tortura, o curará la enfermedad que la devora al ritmo de nuestra respiración, o continuará elevando la amargura de nuestras vidas a la altura de la esencia de nuestras preguntas?

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