miércoles, diciembre 25, 2013

¿Dónde hallar un ángel?

“Bendito sea dios (..) por no haberme hecho mujer”
dicen los judíos en sus oraciones matinales,
mientras las mujeres dicen
“bendito sea dios que me ha creado a su voluntad”


*Tono de cortés indiferencia* Al final de cada día la única satisfacción que queda es haber actuado bajo el estandarte de la pasión. El hecho de asumir completamente ese gesto heroico. No dejarse consumir por aquella frase: alguien tiene que hacer el trabajo sucio. En la vida sólo hay campo para el juego entre las reglas no escritas, ese juego es la ética. Por ejemplo el amor se encuentra en nuestros días dentro de una perspectiva paranoica, lo hemos convertido en algo abstracto porque lo sustrajimos de su base socio-ideológica en la cual nació, la nada. En el mundo occidental estamos inmersos en los estúpidos placeres diarios, nuestra guerra no es contra las otras civilizaciones. No, la nuestra es contra nosotros mismos. Contra la poderosa maquina cultural que nos invade nuestras esferas más individuales, de ahí nuestra impotencia y disfunción eréctil. A mi me molestan muchas cosas, pero quizá la que más es esa amalgama de cosas llamada humanidad, esa chusma de gente, rica o pobre, que cree que al elegir lo hacen con su aparente claridad cuando lo único que está aconteciendo es un mistificación del objeto del deseo. La libertad sólo se alcanza en un perpetuo avance hacia otras libertades.

domingo, diciembre 08, 2013

Güisqui, un año de fermentación

No soy más que la creencia que tengo sobre mi. No sé si existo o si existiré siempre. No soy más que la participación que hago en la realidad misteriosa que a su vez amenazo. Mi carácter es una reacción secundaria. No soy más que lo que está por debajo del horizonte de mi conciencia. El mundo está en su derecho de ser, yo me hallo en la sinrazón. No soy más que la definición que el mundo me da, por lo tanto no soy autónomo. Soy inesencial frente a lo descomunal que es lo esencial del planeta. Pero, siendo así es el otro el que debe someterse a mi punto de vista para intentar entender. Es más fácil acusarme que excusar a la humanidad.



—Sí –dije yo–; necesito tu dinero. Pero en este momento necesito un güisqui y tu conversación. 
—Sólo espero que mi conversación este a la altura del whisky –dijo Nicolás.

—Hoy se cumple un año de mi llegada a esta ciudad, a este país, a este continente. Y no he logrado desembarazarme de “mi” país –dije mientras pensaba que Nicolás siempre será solemne, lleno de gracias discretas y nobles, con su sonrisa del Cuarto Mundo y yo siempre seré su amigo estricto, lerdo y escrupuloso.
—Sé bien que te la pasas sembrando secretos en todas las conciencias. Sé que le has dicho a mi novia pestes de mi. Y hoy vienes a pedirme que te ayude a conspirar en su contra –dijo Nicolás mientras sostenía su vaso y miraba el fondo del bar– yo creo que lo haces porque tu vida en Europa se traduce en algo equívoco y dilatado, en una paz pueril y amarga.
—No me importa lo que pienses de mi –dije sin más. Mi corazón bombeaba a martillazos.
—Tu arbitrariedad la puede percatar cualquier persona que ingrese a este recinto –dijo él, mientras su voz grave retumbaba en mi estomago, era algo insoportable y delicioso–. Yo no te estoy diciendo esto para causarte pena o golpes en la conciencia. No es más que una oportunidad ética crucial, porque si no te lo digo, esto que debí decirte me perseguirá para siempre. Porque a pesar de que no hubiese existido, su espectro continuaría insistiendo.
—Tranquilo –dije– sé lo que es un acto olvidado. Cohibido por la fuerza del vínculo social que reside en un acto de solidaridad con el otro. Pero tu acto olvidado no es conmigo, es con tu novia. Porque desaprovechaste la oportunidad de establecer una relación donde se realizara el amor. A ti lo que te molesta es haber perdido la oportunidad revolucionaria de un cambio.

lunes, diciembre 02, 2013

Ninguna mujer puede ser violada por un solo hombre

–Hola –dijo ella.
–Hola –dijo él.

Sus almas se encontraban de nuevo en aquel limbo a donde llegaban cuando sus cuerpos dormían. No era como los Campos Elíseos, era más bien como Bifröst. Tenían que recordar que el Doxa de la postmodernidad sobre la “realidad” es un producto del discurso, una ficción simbólica que es desapercibida como una entidad autónoma substancial. En otras palabras, debemos distinguir cual parte de la realidad está transfigurada como fantasía.
–Hoy nuestros destinos vuelven a emparejarse, hoy mi corazón está desierto, por eso levanto la cabeza hacía ti –dijo ella –en este momento allá ya no es mi cumpleaños y más allá de eso, quizá en unos meses vivamos en el mismo uso horario. Tal vez algún día formemos parte de un menages à trois, no distingamos de confesiones terrenales, dejemos de posar con el vino y los quesos, supere tu estado antiburgués, porque al final de ti sólo quiero tu parte más simple: la fachada.
–Te he estado observando desde mi lado del mundo y veo a tu alrededor los escombros del porvenir, el supuesto amor por aquél otro ser. El embarazo de tu amiga, el dinero de tu madre, pero en el centro de todo recuerdo como solía posar de lector, ahora de escritor –dijo él con su apasionada explosión de afecto ante ella con su fría distancia desapasionada.
–Cuando camino al trabajo y veo el triste desfile de edificios de la Carrera 15, me invaden los recuerdos de mi infancia, mis sueños de libertad, de grandeza, y me doy cuenta que aún estoy rodando sobre esas memorias. Y no soy yo la que se aparta de esas felicidades, son ellas las que se alejan de mi. Los días que se fueron tienen derecho sobre mi, porque son como yo, maduros, cansados; esos días mantienen sus exigencias sobre mi, y sufro de remordimiento porque mi presente está descuidado y hastiado. Pero tranquilo que esto no es más que el porvenir –dijo ella, ahí en sus sueños, a el alma de él, y entonces su cuerpo tembló en su cama. Retembló porque lo contrario de existir es insistir, y aquello que no existe, persiste contra la existencia. Y ella eterniza sobre su lucha contra la propiedad privada de los cuerpos, porque según Foucault lo importante de un acto sexual es poder ejercer “nuevas formas de vida”.

El olor húmedo del sueño lo distraía mientras escuchaba aquél ser, aquella mujer protestar contra sus días. Y entonces le dijo:
–Hemos rumiado nuestra juventud, por eso no hacemos proyectos cuyo plazo no sea mayor a unos dos o tres años. Como si no tuviéremos por delante más de cinco o seis años –le dijo él mientras la perseguía por el vacío –sabes bien que no te propongo una política de la felicidad, es más bien una exploración de la libertad.   

A ella la hubiese encantado escuchar lo que él decía, pero quería comprender a medias lo que le había dicho, para no romper el encanto. Mientras sus almas caminaban sin propósito se preguntaba en qué podía pensar para alcanzar alguna satisfacción. Quizá recapacitar que: ser mujer no es una esencia ni un destino y que la opresión tiene un status contingente.

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