miércoles, enero 22, 2014

¿Qué te pasa?

Los días de ningún ser están numerados. A pesar de esto mañana me voy a Londres y un amigo de la infancia a su vez se va mañana de esa ciudad para volver a Colombia por primera vez desde que llegó al Reino Unido hace ya un poco más de 5 años. Siento lastima por no poder verlo de nuevo, de todas formas pasearé por el UK riéndome. Pero esta extraña coincidencia me ha dejado perplejo frente a los muros de mi vida que vienen desde hace un tiempo atrás desmoronándose.

Los adioses se ablandan y se estiran como la brea negra del asfalto. Pero al final así son las personas que me rodean, ensuciadas. Siempre es bueno tener varios personajes en la vida que nos asedien, o que por el contrario podamos asediar. Como cuando se invade el cuerpo de una mujer presionando la nariz contra su pecho. Aun siendo así, sé que no tengo ningún amigo que pueda hacer la distinción marxista entre “clase trabajadora” y “proletariado”.
Hace poco más de una semana mientras atravesaba la Rue de Marché, aquí en Ginebra, sentí como un tranvía frenaba en seco por mi culpa. Sentí como si a nada en la vida se le pudiese dejar a la cara o la cruz. Somos nosotros los que ponemos los grilletes a nuestros destinos. Quizá lo único que nos queda es reinventarnos en nuevas formas sexuales, espirituales y estéticas siempre partiendo desde el concepto individual porque no hay manera de cambiar el mundo.

Cuando me preguntan “¿Qué te pasa?” siempre me dan ganas de responder que ya es suficiente con tener que vivirlo como para tener que contarlo. Pero esto sí es digno de ser relatado:
–Tienes pura cara de que te encanta el periodismo –dijo Tatiana.
–Ok, ¿Y cómo es esa cara? –dije yo.
–Jajaja, no cambias –dijo ella.

Me gustaría poder decir que he gastado mis días invirtiéndolos en el amor. Pero siento que mi corazón es una farsa. Porque entiendo que al final todo se reduce al tamaño de mi codicia y de mi orgullo.

jueves, enero 16, 2014

Wissenstrieb


El traidor de cualquier deseo tiene nombre propio: la felicidad. Pero a esto que llamamos felicidad no es más que estar atrapado por lo que creemos que es el deseo. Y lo que yo deseo de ti no es más que el impenetrable abismo absoluto de tu humanidad. Para ti no soy más que una interpelación, un mandato simbólico. Me burlo de mis creencias y continúo practicándolas. Si acaso lo único que nos queda es encontrar una solución temporalmente pragmática. Hace poco te dije amigo mío que: “…clasifico a mis amigos/as, y es fácil encontrar en las mujeres razones aparentes para salvar la humanidad, a veces creo que todo se reduce a lo que tienen entre las piernas. Pero dado que no soy homosexual o eso siento, encontrar razones para perdonar a los hombres es más difícil. De mis cuatro amigos con pene usted es entre ellos el único que salvaría y eso que es judío.”
Eres mayor que yo y eso siempre me recuerda que la sensación del paso del tiempo la marca el otro, vemos el paso de los días en el rostro ajeno. Tenemos un pasado en común, creíamos necesitar el fracaso de las relaciones. Y quizá compartimos un eterno devenir donde el ambiente que crea el otro nos sirve como medio para definir nuestro rol en el contexto. Él sentido de nuestra amistad no es un comienzo, es un fruto. Yo no me gasto la vida tratando de revelarlo, rehabilitarlo o substituirlo. Por eso le prometo que cuando lo vuelva a ver beber será una cuestión de cantidad, dado que tomar alcohol es cuestión de alcanzar la última gota.
Los hombres como usted, no como yo, tienen como reto la creación de algo que se encuentra más allá de la muerte, de la subordinación, de la degradación o del pavor. Escucharlo crear sonidos tal vez no sea más que eso. Por mi parte sólo escribo para crear líneas de evasión. Los dos estamos estancándoos en un momento en el cual vemos al resto avanzar hacia su porvenir, mientras nosotros empujamos el devenir.

miércoles, enero 01, 2014

Queso Cheddar

Mi padre me ha enseñado muchas pequeñas cosas en la vida, y pocas grandes cosas. No sé ni me importa juzgar cuales son más importantes. Por un lado las pequeñas cosas me las enseñó con el ejemplo. Cambiar un bombillo, poner un tornillo y recoger la mierda del perro. Por el otro lado las grandes cosas me las enseñó con el discurso. Una vez me dijo: “el problema del hombre es que al querer a demasiadas personas y demasiadas cosas su corazón se va quedando en muchas partes. Al final termina pareciéndose a un queso Cheddar, lleno de huecos.” Quizá es por eso que hoy pocas cosas me importan y mucho menos la mayoría de personas.
Otra cosa que me dijo mi padre fue: “uno no puede ir por el mundo diciendo que el Everest es un lago navegable.” Esto lo decía para hacerme entender que los ignorantes pasan vergüenza por atrevidos. Tal vez por eso soy callado, al final uno sólo es dueño de lo que calla. De niño mi padre me preguntó “¿Qué pesa más un kilo de algodón o un kilo de hierro?” Ese día no sólo aprendí a entender bien los enunciados y el significado del volumen. Desde ese día en adelante empecé a odiar a los charlatanes y bocones (a los políticos y los ñoños del salón). Cuando crecí y me salieron pelos en el pecho me dijo “cualquier cosa que pase entre una mujer y tu es sólo de ustedes dos, más si tiene lugar en una cama”. Hoy día miro en perspectiva y me doy cuenta que soy de esos hombres a los que no les gusta hablar de sexo e intenta sacar a las mujeres de ese plano donde no son más que objetos.

Desde que tengo memoria mi padre simboliza dos cosas profundas en mi alma, un navegante con sin rumbo fijo su único horizonte es la familia, y un guitarrista que detrás de toda fachada tiene el alma de un bohemio y la delicadeza de un acorde. Otra de sus grandes enseñanzas siempre han estado en las canciones más sentidas que recuerda su voz. “…que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós…”. A mi padre nunca le importó que yo fuera el mejor de la clase, por eso me decía “no seas el mejor, pero has la cosas con pasión, no seas mediocre” Por eso soy escrupuloso y en el colegio reprobé física y química, en noveno y décimo respectivamente. Pero a contraprestación de eso en clases de humanidades y de lengua daba lo mejor de mi.
Los humanos cargamos con los dioses de nuestros padres, y gracias a eso soy ateo, mi padre cree en lo que el considera una fuerza del bien omnipresente, por eso cuando se despide de mi me dice: “que la virgen te acompañe, o que la fuerza te acompañe”. A él le da igual si es Yoda o la madre de Jesucristo la que simboliza esa fuerza. Sin embargo hay alusiones de mi padre que no he podido asimilar. Siempre me ha dicho “debes respetar a los demás, a todos sin excepción.” Esto es algo en lo que difiero totalmente con él, porque hay seres que definitivamente no merecen ni siquiera el calificativo de “humano”. Mi padre me demanda: “se feliz, se positivo, sonríe”, no sé si él ve otro mundo que difiere del mío, pero yo siento que no tengo derecho a sonreír en medio de tanta mierda. En algo que los dos somos irreductibles es que no hay nada más peligroso que un idiota con iniciativa.

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