“Ôte-toi de mon soleil”
–Diogène de Sinope
Ella se encontraba ahí. Queriendo
poder tropezarse con los escombros de su pasado, pero nadie puede vivir en
retroceso. Cómo podemos disimular el presente si el deseo, la voluntad y la
determinación exceden al poder.
Ella se encontraba allí.
Enfrentada al inevitable panteón de la humanidad. Justo en ese momento
cuando la medida de la energía perdida es más importante que la cantidad ganada.
Ella se encontraba allende.
Superando el despotismo que pretenden todas las religiones. Ella prevalecía
superior a la idea del amor, porque sabía que éste era una superstición
peligrosa que conducía a la discordia.
Ella se encontraba acá. Muy cerca
de la narrativa que es capaz de representar el sentir del tiempo. Acordonada
entre la ausencia de restricciones exteriores y la capacidad de construir un
imperio sobre si misma. Envuelta en libertad.
Ella se encontraba aquí. Más cerca de la realidad producida por las ficciones, que del espectáculo que el grupo humano es. Nos miraba y se producían colisiones antagónicas que se sostenían las unas a las otras.
Ella se encontraba aquí. Más cerca de la realidad producida por las ficciones, que del espectáculo que el grupo humano es. Nos miraba y se producían colisiones antagónicas que se sostenían las unas a las otras.
Ella se encontraba allá. Buscando aquello capaz de juzgarla, de aplastarla. “Un amour capable de tuer”. Su futuro no podría ser otro que la acumulación de las ruinas de su propia barbarie.
Ella se encontraba acullá. No
sólo Dios la observaba, también Eva. Fue ante los ojos de esta última que
decidió erguirse entre los hombres y las divinidades para poder quebrantar la
ley. Porque el pecado conlleva por un lado sufrimiento y del otro lucidez.
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