1. Ahogado o ahorcado tu enciendes la frecuencia, y me avergüenzo de mi cadáver, tapono el camino a casa, el sol es corriente alterna. Hoy ya se pasaron los días, somos destellos de la pluma, los que me leen son un paisaje de cerdos, son ellos los que me pueden detener. Al final sólo llenamos los bolsillos de Don Luis Carlos Sarmiento Angulo.
La batalla final se librará sobre el campo de la imaginación, donde el paisaje sonoro determinará el resultado. La sombra no es un refugio, chupo tus palabras, las arcas de mi garganta se cierran como féretros. Prefiero estar en la sombra del monopolio de los cordones umbilicales. Si la mirada es un prejuicio, una selección, qué podemos esperar de las palabras. Somos rapaces sedientos de aceite que arde, vivimos en el sangrado corazón, donde hasta los ojos son mercancías con potencial para ser desvalijados.
2. En algunos lugares es mejor tener un arma, que comida, techo o sexo; las necedades básicas del Ser se yuxtaponen y se alimenta sólo el bárbaro, los escombros de un cementerio sobre mis omóplatos del cuerpo escultural de una mujer ya distante. Se detiene el mundo mientras barro mi conciencia, remplazando neuronas con misiles, tratando toros en la Santa María…
Si se trata de enfermedades, nos deseo a todos un poco de viruela, porque yo soy Diego Colon, con esclavos en mis galeras. Soy aquello irreversible, soy el violador, la cadena, la vigilancia, soy el ácido 2,4-D. Tú sólo eres el sobreviviente de un fogonazo de fisión, la eutanasia, eres la Niña y la Pinta, no te alcanza para la Santa María, eres un judío crucificado.
3. Entonces, heme aquí, escribo esto porque debo volver a fracasar en ello. Los dedos me explotan, creo romper los moldes pero vuelvo sobre ti como la lluvia sobre el parabrisa, algunos piensan que implotar es suficiente, pero lo que importa aquí, cuando me lees, es que logre recrear una sensación que estalle tus órganos. Tu excluyes, yo copio lo podrido, el poder de una descripción está sobre el rostro de la tierra que se fermenta.
Lo que está escrito aquí lo sabemos, tu, yo y ellos, pero ellos no hablan. Cada vez que leas esto, pide un desembolso al final del escrito, eso es lo que valen tus deseos; tú, dame tus bendiciones que yo te resguardaré con fuego, ¿Quién putas soy yo para decirte que hacer? ¿Quién putas eres tu para leerme? No vengas aquí sólo a tomar lo que necesitas, la mezquindad te quitará el espasmo constante llamado tos, y si así lo prefieres puedes arrastrarte a mi lado hacia un futuro risueño, o quédate tranquilo en el sepulcro en el que ya vives. No dejes que tus hijos lean este blog, o lo que quede de él, porque te darán una felonía.