domingo, junio 22, 2014

Désormais

(La chanson française #1)

En mis 24 años de vida nunca he escrito sobre dos temas en particular. Aún no sé si es que no me atrevo o sencillamente estoy esperando una excusa para hacerlo. Jamás le he dado letras a mi ciudad natal o a mi madre. Supongo que son temas hieráticos que mi conciencia todavía espera sacralizar. Hoy no será el día que hable de ellas.
No sé porque, pero tengo grandes expectativas de este vigésimo quinto giro al sol. No sé como se han engendrado en mi mis sueños, expectativas y deseos, pero hasta el día de hoy todos los han hecho realidad mis padres. Si hay algo que espero de este nuevo año, es cumplir un objetivo con el sudor de mi frente. He estado tirando la ropa en desorden, he titubeado hasta su cama, y me he dejado caer sobre ella, sobre la vida misma. Me he preguntado si acaso existe otra felicidad, una que destruya mejor el fondo de los corazones. He supuesto que mi devoción es desmesurada. Llevo un buen rato luchando contra mis palabras y no pienso detenerme, no me importa que otros miles tomen mi lugar siempre y cuando el mío germine de una locura inesperada. Esta es una edad en la que vamos a la cama aún sabiendo que tendremos los ojos bien abiertos durante toda la noche en la oscuridad.

Los años pasan y cada uno está cargado de una fuerza simbólica primordial. Éste último para mi fue el redescubrimiento de la cultura francesa, en especial la chanson française. En mi marco de la ventana hay una pequeña flor amarilla que floreció al mes de haber llegado a Paris. Por las mañanas la veo y creo que esa matera rectangular es el nido donde se posan mis expectativas. Hace unas cuantas noche volví a leer a Estanislao Zuleta, su Elogio a la Dificultad, me acordé de aquellas frases donde nos enseña que los humanos soñamos mal, mis amigos sueñan con la fama, el dinero, el sexo, yo no sueño, yo construyo mis pequeñas glorias, mis infinitas grandezas bañadas de miseria. Qué quisiera yo más que sentir que a ella le importo más que a nadie en el mundo, por lo menos así sintiera que mis actos están justificados, al final no necesitamos creer para olvidar el frío del invierno.

Cumplir años no es más que una cólera sin objeto, es un acto que se encuentra a nuestras espaldas, despojado, evasivo, incomprensible. Eso sólo quiere decir que amamos la vida y que vivimos del aire del tiempo. En un día como hoy extraño los muros y las calles que alguna vez vieron mi niñez. Cada año que paso sin asistir a un matrimonio o a un bautizo le doy gracias a la vida por tener amigos que no me dan más razones para reafirmar mi misantropía. Como sí lo logró una jovencita que me preguntó la semana pasada: –¿Tú por qué sabes tantas cosas? Y yo le respondí: –Mas bien es que tú ignoras muchas cosas. Los años de edad pares me parecen que están ubicados entre los escombros de los años impares, esos años que se parecen al mundo y al tiempo que los han devastado. Los años primos (2, 3, 5, 7, 11, 13, 17, 19, 23…) que he vivido por otro lado desean ser sólo la sombra de ellos mismos.

Hoy es un día para revivir el amor agrio por la vida. Reconocer el mismo miedo que nos ahuyenta la alegría. Ese mismo que nos cambia los hábitos, las palabras que creemos nuestras, esas que nos arrastran y nos devuelven al flujo de la existencia. Hoy es un día en que los vínculos se desgarran, es un momento para los descuidos y los pequeños arrebatos del alma. Al final todos los años terminan siendo un recuerdo lejano. A pesar de todo esto aún tolero cumplir años. 

miércoles, junio 11, 2014

De la filosofía y otras ¿Verdades? (parte 2)



Heráclito de Éfeso: El camino hacía arriba o hacía abajo son uno y el mismo.
Leucipo de Mileto: El hombre es un microcosmo del universo.
Blaise Pascal: Podemos ver la belleza, la justicia o la felicidad donde no existen realmente, por eso la imaginación nos descarrila y decide todo en la vida.
Baruch Spinoza: La relación entre el cuerpo y la mente no es de interacción, es sólo una correspondencia uno-a-uno.
Avram Noam Chomsky: Los estados no son agentes morales, los hombres sí. Si lo deseamos podemos vivir en un mundo de confortante ilusión. 
Erasmo de Rotterdam: La locura es aquello que nos da la mayor felicidad. La religión es una forma de locura. La felicidad se alcanza cuando una persona está lista a ser lo que es.

Edmund Burke: Los humanos tenemos necesidades materiales, científicas, artísticas y morales, pero no podemos llenarlas por nuestros propios medios, por eso necesitamos el contrato social.
George Berkeley: Si el conocimiento proviene de la percepción, lo que entendemos son ideas, no las cosas en si mismas, entonces el mundo consiste de ideas y de las mentes que conciben esas ideas.
Karl Wilhelm Friedrich von Schlegel: No es posible acceder a respuestas finales, porque cada conclusión de un argumento puede ser perfeccionado eternamente. Debemos valorar la emoción sobre la razón.
Bertrand Arthur William Russell: Una persona puede trabajar mucho y ser miserable, y otro totalmente desempleado también puede ser miserable. La civilización se ha eclipsado bajo el culto a la eficiencia.
Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás: El progreso real no es el resultado de la revolución, es más bien de la adaptación. La civilización es acumulativa, siempre construyendo sobre lo que ha sido.

lunes, junio 02, 2014

Imaginería

Il y a également des images d’espaces à l’abandon, d’espaces
qui ont perdu leur dessein originel et introduisent
 le désordre dans la fiction –
Mark Downham

La abundancia de fotografías en la red, de videos y productos similares me tienen en un estado constante de emesis. Es como si hubiésemos creado un arte de invisibilidad. ¿Si suministramos tantas imágenes cómo una puede resaltar? La fotografía es el grabado que hacemos del mundo bajo la sombra de la pregunta: ¿Cómo sería el mundo sin mi?



Subimos imágenes a las redes sociales como una persona en estado vegetativo continua respirando. La Tour Eiffel ha empezado a desaparecer, no por haber caído en un abismo, si no porque sus innumerables representaciones la han dividido infinitamente, la han pulverizado y sus trozos intersectan la realidad. El arte de acecinar la realidad consiste en acumular una cantidad incontable de imagines que no son acumulativas, pero que por el contrario se cancelan entre ellas mismas, “…till they reach the zero degree of information.


No tengo nada en contra de las fotografías, lo que me genera arcadas es la lluvia de imágenes. Esa lluvia que no permite que lo real sea imaginado, porque entre tantas gotas no podemos ver lo que realmente intentan retratar. La abstracción pura de la fotografía es dejar de lado la necesidad de materializar la realidad, por eso encuentro en mis recuerdos mejor material que en los limites de una foto.

Entradas populares