Querido Mateo, te escribo
esto sentado en una silla fría y rígida en algún lugar de Paris. Hace algunos
meses me topé con el relato de tu muerte y desde aquel día de vez en cuando tu
recuerdo camina a mi lado unos minutos hasta que me vuelvo a olvidar de ti.
Yo no te escribo porque fueras mi
mejor amigo, ni porque te estimara. No te escribo porque me compadezca del
dolor de tus padres, ni el de tus amigos. No te escribo porque en vida hayas sido un tipo decente,
amigable y buen deportista. No te escribo porque quiera recordarte, ni porque
quiera hacerte una oda. No te escribo a ti, yo le escribo a tu muerte que para
mi no fue un evento, fue un fenómeno que debo entender.
Tu muerte ha dejado en mi una
imagen del mundo. Tu muerte se contrapone a la realidad como medida de ella
misma. Tu muerte Mateito es lo antitético de todo lo que nos hace idiotas. Eres
el primer hombre que he conocido que se ha muerto por amor. Tu pequeña hermana
se murió por la negligencia de un par de doctores que no fueron capaces de
diagnosticarla bien, le dijeron a tus padres que estaba deshidratada cuando en
realidad sufría de un grave caso de diabetes. Fue sólo el tercer doctor que la
examinó una semana después que determinó su enfermedad cuando ya era demasiado
tarde. Ella murió una semana después. Pero tú, querido Mateo, te quedaste un
año más entre la estupidez humana. Tenías 22 años cuando te diagnosticaron un carcinoma
en el pulmón. Llevabas 9 meses llorando la muerte de tu hermana en el silencio
de tu habitación, y te fuiste 3 meses después de que te encontraron esa
metástasis.
Tu partida me he reforzado la
idea de que el amor más puro es el que se siente entre dos hermanos, porque es
en el horizonte de la muerte el vinculo más largo al que podemos optar. Ahora
que tus cenizas ya vagan por la infinitud del cosmos, tu recuerdo me permite
profundizar sobre el significado de existir. Para ti fue insoportable la muerte
de tu hermanita, tanto que del hueco que ella te dejó te surgió un cáncer cerca
del corazón. Tu muerte llegó a mi vida en un momento en el cual me encontraba
bajo la sombra de la moda, preocupado por el progreso de mi banalidad y
convertido en fetichismo. Tu fallecimiento terminó siendo a la vez paisaje y
habitación. Un paisaje donde puedo contemplar que lo único realmente nuevo es la
muerte, y una habitación donde el legado del hombre no es más que la
prepotencia que posee por dejar huella en los lugares que habita.
Por esto y otras cosas Mateito he
decidió recordar tu muerte hoy. Gracias por recordarnos que aún hay amores más
grandes que la vida. No creo que exista una vida después de este atroz destino
en la tierra, pero por lo menos ya no eres parte de nuestra humanidad que está
volcada sobre el empobrecimiento, la barbarie y la estupidez. Quizá lo único
que quedó de tu valiente acto fue una manera de retomar un poco la humanidad
que muchos tenemos empeñada.
%2B17.58.02.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario