martes, octubre 28, 2014

Mateito

Querido Mateo, te escribo esto sentado en una silla fría y rígida en algún lugar de Paris. Hace algunos meses me topé con el relato de tu muerte y desde aquel día de vez en cuando tu recuerdo camina a mi lado unos minutos hasta que me vuelvo a olvidar de ti.

Yo no te escribo porque fueras mi mejor amigo, ni porque te estimara. No te escribo porque me compadezca del dolor de tus padres, ni el de tus amigos. No te escribo porque en vida hayas sido un tipo decente, amigable y buen deportista. No te escribo porque quiera recordarte, ni porque quiera hacerte una oda. No te escribo a ti, yo le escribo a tu muerte que para mi no fue un evento, fue un fenómeno que debo entender.

Tu muerte ha dejado en mi una imagen del mundo. Tu muerte se contrapone a la realidad como medida de ella misma. Tu muerte Mateito es lo antitético de todo lo que nos hace idiotas. Eres el primer hombre que he conocido que se ha muerto por amor. Tu pequeña hermana se murió por la negligencia de un par de doctores que no fueron capaces de diagnosticarla bien, le dijeron a tus padres que estaba deshidratada cuando en realidad sufría de un grave caso de diabetes. Fue sólo el tercer doctor que la examinó una semana después que determinó su enfermedad cuando ya era demasiado tarde. Ella murió una semana después. Pero tú, querido Mateo, te quedaste un año más entre la estupidez humana. Tenías 22 años cuando te diagnosticaron un carcinoma en el pulmón. Llevabas 9 meses llorando la muerte de tu hermana en el silencio de tu habitación, y te fuiste 3 meses después de que te encontraron esa metástasis.

Tu partida me he reforzado la idea de que el amor más puro es el que se siente entre dos hermanos, porque es en el horizonte de la muerte el vinculo más largo al que podemos optar. Ahora que tus cenizas ya vagan por la infinitud del cosmos, tu recuerdo me permite profundizar sobre el significado de existir. Para ti fue insoportable la muerte de tu hermanita, tanto que del hueco que ella te dejó te surgió un cáncer cerca del corazón. Tu muerte llegó a mi vida en un momento en el cual me encontraba bajo la sombra de la moda, preocupado por el progreso de mi banalidad y convertido en fetichismo. Tu fallecimiento terminó siendo a la vez paisaje y habitación. Un paisaje donde puedo contemplar que lo único realmente nuevo es la muerte, y una habitación donde el legado del hombre no es más que la prepotencia que posee por dejar huella en los lugares que habita.


Por esto y otras cosas Mateito he decidió recordar tu muerte hoy. Gracias por recordarnos que aún hay amores más grandes que la vida. No creo que exista una vida después de este atroz destino en la tierra, pero por lo menos ya no eres parte de nuestra humanidad que está volcada sobre el empobrecimiento, la barbarie y la estupidez. Quizá lo único que quedó de tu valiente acto fue una manera de retomar un poco la humanidad que muchos tenemos empeñada.




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