domingo, septiembre 22, 2013

Ahasverus, le juif errante

Algunos sostienen que es lo mismo leer sobre el mundo que recorrerlo, otros que no es lo mismo, yo no sostengo nada, pero al pasar algún tiempo por encima del trópico de cáncer me doy cuenta de que los que vivimos en la zona ecuatorial nos perdemos de esa pequeña magia que es ver el paso del tiempo, los cambios del día y la noche a través de las estaciones. Al viajar por el antiguo continente me siento como los forasteros hispanos, asiáticos o africanos en la Roma decadente, que saboreaban la cultura en el ocaso de la decadencia. Al igual que ellos deambulo durante el atardecer por la ciudad internacional, donde la religión y las técnicas se encuentran carentes de ideales.
Mientras el vapor sale de mi tasa de té, recuerdo que hoy es el cumpleaños de mi padre. Agradable coincidencia que los dos naciéramos un día 22. Él cuando empieza el otoño y yo cuando acaba la primavera. Algunos duran toda su vida buscando el cielo, yo más correspondiente no descansaré hasta llegar al fondo de mi infierno (pero no pensar en este lugar como la sociedad occidental lo ha dibujado, más bien como la confluencia de los suplicios). Porque si el señor Nelson Mandela dijo que él era el capitán de su alma, pues yo soy el creador de mi propia catástrofe. Esa misma que se engendra en la falsa idea de reversibilidad. Esta idea que anula las necesidades por algo y te da un alma de mendigo.
Hace poco la mujer con la que comparto mis noches me dijo: tu eres la sal de mi vida. Aún mi cabeza juega con el morbo y las posibilidades connotativas de esa frase. Ella se alimenta de mis inagotables buenas actitudes de ignorancia. Porque para olvidar lo que somos debemos creer en algo, y así fue como mi infancia se transformó en filosofía, y de ahí que los años se transformaran en horror. Miro en el espejo mis terceros molares mientras me limpio los dientes con seda dental. Esa extraña sensación de mutación constante del cuerpo y de su lucha contra la conciencia. ¿Acaso mi cuerpo refleja mi edad mental, o es al contrario? Qué es la edad mental al final de cuentas.

El otoño es el ocaso inicial. 

miércoles, septiembre 11, 2013

La passion du réel

"Querer a alguien es una hazaña, se necesita energía, generosidad, ceguera,
hasta hay un momento, un principio mismo en que es preciso
saltar un precipicio, si uno reflexiona, no lo hará."
-Jean-Paul Charles Aymard Sartre

Quizá pocos han vivido una experiencia como esta: entre la frontera de Rusia con Finlandia, viajando de San Petersburgo a Helsinki, un controlador de emigración Suomi, se encontró dos ciudadanos colombianos con doble nacionalidad, colombo-italiana. El primero por tener un abuelo de Sicilia, y la segunda porque el padre es piamontés. Además, vivían en Suiza, país que no pertenece a la Unión Europea de Naciones, estaban saliendo de un país que permite a los colombianos entrar y salir sin tramite alguno de visa, y entrando a un país, que hace parte de la UE, y que gracias a su segunda nacionalidad no precisan de una visa (así es le mundo de hoy, jodidamente lleno de parapetos invisibles).

­Quizá acabo de perder la única oportunidad de entrar al orbe de ella – me dije mirándome en el reflejo de un pequeño espejo que se encontraba sobre un diván.
Él fingía estar ahí y atender lo que decían. Era uno de esos instantes eternos, desagradablemente bello, ese preciso momento en que te encuentras mirando el escote de una mujer y sin verla a los ojos sabes que se ha dado cuenta. Él no sabía si ya la había visto desnuda, o si estaba desnuda, o si la estaba imaginando desnuda. Y es que él creía absolutamente que si una mujer lo descubría mirándole los senos, esta jamás lo consideraría si quiera para una charla.
– Este es un encuentro casual, pero lo casual es lo menos común en mi vida – pensó mientras una sensación de cólera y melancolía invadían su piel.


Si la vida es la suma de las habitaciones en las que se ha estado y las personas con las cuales se ha compartido, entonces debo aceptar que he vivido más de lo que hubiese querido. Vivir no es más que las impresiones sensibles de un individuo, no es más que la creación de nociones indefinidas que nacen en las asociaciones que hacemos a diario.




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