miércoles, octubre 08, 2014

Incoherencias

Escrito el 06 de abril del 2011

"-Sé que ahora no estoy soñando porque sé lo que es estar en un sueño.

-Soñar te permite saber que la realidad existe.

-No, solo que mi mente existe, no sé nada del resto”
–Matriculado, Animatrix
Definir la realidad es un imposible. Todo son percepciones sensoriales. Lo que se huele, lo que se saborea, lo que se ve, son interpretaciones de señales eléctricas procesadas por el cerebro. La condición humana no nos permite alcanzar un estado de completo entendimiento, nunca seremos capaces de salir de la caverna.

Los medios a los que estamos expuestos son utilizados para vender una verdad, una construcción social de la realidad, que de entrada es falsa porque no puede ser comprobada. Sin embargo no somos mártires pasivos de los medios. Gracias a las nuevas características de los medios, estos no sólo producen sino que reproducen realidades.

El ser humano se entiende a si mismo como un cuerpo prolongado y transformado en todos los medios, ya que cada uno son la extensión de una facultad humana, que afectan a su vez, la forma en que percibimos el mundo. La realidad a través de los estímulos electrónicos proporcionados por los sentidos que son bombardeados a diario por miles de simulaciones de la realidad, hasta el punto en que no solo se vuelven indiferenciables, sino que lo virtual se convierte en el objeto máximo de deseo.

“Las tecnologías de la información y de la comunicación están ligadas a procesos sociales, de contrapoder, dominación y resistencia”[1]. La cibercultura se configura gracias a la tecnología, los medios y la convergencia entre ellos. Convergencia entendida como la homogenización de los soportes, lógicas de emisión y consumo de la industrias, todo esto enmarcado en un complejo proceso cultural que genera sus propias formas de organización, en donde se pueden distinguir nuevas instituciones, roles y practicas sociales, mientras estas a su vez se transforman y producen subjetividades y colectivos sociales. Todo esto nos lleva a replantear los estilos de vida, a un nivel cultural diferente.

Por un lado está la convergencia tecnológica, que esta dada dentro del concepto de “Infraestructura Tecnosocial”, donde el lenguaje es digital, y la comunicación está distribuida globalmente y es tanto local como globalmente interactiva. Estas plataformas proporcionan espacios para el debate, la mente colectiva y una fuerte arma política, todo entendido en una superposición temporal-espacial, que nos ha proporcionado una nuevo modelo de producción globalizantes.

Por el otro un mundo donde no hay restricciones materiales, donde el mundo está descrito en unidades de información que pueden ser alterados y reproducidos con un pensamiento. Esto genera nuevos tipos de conciencia sobre el cuerpo.





[1] (Briggs y Burke, 2002; Castells, 2007).

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