jueves, enero 16, 2014

Wissenstrieb


El traidor de cualquier deseo tiene nombre propio: la felicidad. Pero a esto que llamamos felicidad no es más que estar atrapado por lo que creemos que es el deseo. Y lo que yo deseo de ti no es más que el impenetrable abismo absoluto de tu humanidad. Para ti no soy más que una interpelación, un mandato simbólico. Me burlo de mis creencias y continúo practicándolas. Si acaso lo único que nos queda es encontrar una solución temporalmente pragmática. Hace poco te dije amigo mío que: “…clasifico a mis amigos/as, y es fácil encontrar en las mujeres razones aparentes para salvar la humanidad, a veces creo que todo se reduce a lo que tienen entre las piernas. Pero dado que no soy homosexual o eso siento, encontrar razones para perdonar a los hombres es más difícil. De mis cuatro amigos con pene usted es entre ellos el único que salvaría y eso que es judío.”
Eres mayor que yo y eso siempre me recuerda que la sensación del paso del tiempo la marca el otro, vemos el paso de los días en el rostro ajeno. Tenemos un pasado en común, creíamos necesitar el fracaso de las relaciones. Y quizá compartimos un eterno devenir donde el ambiente que crea el otro nos sirve como medio para definir nuestro rol en el contexto. Él sentido de nuestra amistad no es un comienzo, es un fruto. Yo no me gasto la vida tratando de revelarlo, rehabilitarlo o substituirlo. Por eso le prometo que cuando lo vuelva a ver beber será una cuestión de cantidad, dado que tomar alcohol es cuestión de alcanzar la última gota.
Los hombres como usted, no como yo, tienen como reto la creación de algo que se encuentra más allá de la muerte, de la subordinación, de la degradación o del pavor. Escucharlo crear sonidos tal vez no sea más que eso. Por mi parte sólo escribo para crear líneas de evasión. Los dos estamos estancándoos en un momento en el cual vemos al resto avanzar hacia su porvenir, mientras nosotros empujamos el devenir.

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