domingo, octubre 13, 2013

Hasta el hastío


No hay nada que odie y aborrezca más que un café descafeinado, es el claro reflejo de nuestra virtual existencia, es un producto que carece de su esencia primordial, es un amague, una burla, un simulacro de realidad. Nosotros no somos de esos jovencitos mamones que leen poesía hasta el fastidio. Jamás nos enamoraremos de las cosas perecederas, como tampoco nos convertiremos en engreídos inofensivos. Supongo que ya no nos creemos ese cuento de estar hastiados, o que jugamos con la muerte gracias al alcohol y el frenesí de la música, porque para desgracia de los dos aún nos quedan otros 50, o quizá 70 míseros años por vivir.

Hay personas que sufren las crisis de los 30, de los 50, de los 20 o de los 40, pero nosotros sufrimos una hecatombe cada año, nosotros padecemos la crisis de los 21, de los 22, de los 23, hasta el final de los años. Esto nos pasa por estar soñando sueños impropios. Lo que me lleva a preguntarte: ¿Aún crees en tu libertad y albedrío? No sé quién de los dos está más solo, porque los recuerdos se van limando con los días. Quizá es el sistema capitalista en su lógica de desperdicio y de obsolescencia. Tu y yo somos eternos para el otro, por eso el tiempo entre los dos se ha detenido, a pesar de estar inmersos en un universo ideal y cotidiano. Nuestros padres nos prepararon un mundo donde la “vida real” está desmaterializada, es como un espectáculo. La vida que nuestros padres nos heredaron no es más que una inmersión en la realidad, que a su vez se organiza y se aguanta de la fantasía. Y lo peor de este cuento es que fuimos sometidos a una realidad diaria limitada por la falta de simbolismos, o sea, que nuestra vida es un desierto de símbolos, o como lo llaman en Matrix, el desierto de lo real.

Cuando estoy contigo es como estar solo y ha de ser por eso que me gusta estar contigo. Trato de leer las noticias a diario, y constantemente aparecen esos eufemismos de terrorismo, democracia, derechos humanos o libertad, son los disfraces del lenguaje moderno, también palabras como amor, amistad, sexo, entre otras, que no nos permiten acercarnos a lo que es realmente importante. Porque todo lo que creemos sobre la libertad, realmente es una pantomima de nuestra falta de libertad. De qué sirve la libertad de pensamiento si al final podemos pensar todo lo que queramos y tan libre como queramos pero debemos obedecer. Tenemos la aparente autonomía, una libertad para escoger únicamente la respuesta correcta, la vida correcta, la familia correcta, la moral correcta, el presidente correcto, en fin.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares