jueves, marzo 21, 2013

Me ha alcanzado la primavera


En el despacho de tu psicoanalista todo parece desvanecer, es una discreción donde sólo se cuentan las lagrimas. Empiezas a hablar y ya no hay vuelta atrás, tu lengua cobra vida.

–Haber vuelto hoy al cementerio de Plainpalais, haber visto la tumba de Jorge Luis Borges, y darme cuenta que los hombre lucidos y los idiotas terminan en el mismo lugar, reciben el mismo trato, 6 metro de tierra en el pecho, tan sólo me permite sentir que puedo explotar mi vida en relación a cualquier fin, sin retribución alguna. –esto fue tan sólo lo primero de una larga charla –. Le confieso María Isabel, que un amigo es el peor ejemplo del que podemos aprender, pero sin remedio debemos atesorarlos –verla escuchar mis berrinches siempre ha logrado que la ironía supere la amargura –.

(Supongo que la única salida es hacer la vida un poco más llevadera desde el acto de la escritura, el vínculo con María Isabel está impregnado de fracaso, es una aberración, es un habito que termina por ser insoportable, quizá es la discrepancia de la existencia.)

Continué con mi manifiesto, –hoy leí una frase de un autor, que no le gustaba que lo encasillaran bajo ningún titulo, ni de filosofo, ni de escritor, decía algo así: “Acaso la nada será nuestro hogar y la existencia nuestro destierro.” se presentó entre nosotros un silencio incomodo, y una vida después continué–. A lo largo de mi corta vida sólo he podido admirar a aquellos que están derrumbados, porque los que se dirigen a la catástrofe o los que se sitúan por delante de ella pareciera que tuvieran la vida resuelta–.

Se te ha revelado un secreto. –dijo ella –. Casi innegable de la vida, pero hay que materializarlo en pos de entenderlo, hay hombres que se pueden dormir con una vagina en la boca, que después de venirse les da cólera, porque cuando entienden que revolcarse con una mujer no implica un gran esfuerzo sino un gran teatro, pueden mandar a la mierda las ganas de seguir timando. Al final todas tienen los mismos olores, gimen igual, dicen las mismas tonterías, los besos saben a nada, es mejor pedirles el taxi sin siquiera haberse quitado la ropa.

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