En el despacho de tu
psicoanalista todo parece desvanecer, es una discreción donde sólo se cuentan
las lagrimas. Empiezas a hablar y ya no hay vuelta atrás, tu lengua cobra vida.
–Haber vuelto hoy al
cementerio de Plainpalais, haber visto la tumba de Jorge Luis Borges, y darme
cuenta que los hombre lucidos y los idiotas terminan en el mismo lugar, reciben
el mismo trato, 6 metro de tierra en el pecho, tan sólo me permite sentir que
puedo explotar mi vida en relación a cualquier fin, sin retribución alguna. –esto fue tan
sólo lo primero de una larga charla –. Le confieso María Isabel, que un amigo
es el peor ejemplo del que podemos aprender, pero sin remedio debemos
atesorarlos –verla escuchar mis berrinches siempre ha logrado que la ironía
supere la amargura –.
(Supongo que la única
salida es hacer la vida un poco más llevadera desde el acto de la escritura, el
vínculo con María Isabel está impregnado de fracaso, es una aberración, es un
habito que termina por ser insoportable, quizá es la discrepancia de la
existencia.)
Continué con mi
manifiesto, –hoy leí una frase de un autor, que no le gustaba que lo
encasillaran bajo ningún titulo, ni de filosofo, ni de escritor, decía algo
así: “Acaso la nada será nuestro hogar y
la existencia nuestro destierro.” –se presentó entre nosotros un silencio
incomodo, y una vida después continué–. A lo largo de mi corta vida sólo he podido admirar a aquellos que
están derrumbados, porque los que se dirigen a la catástrofe o los que se
sitúan por delante de ella pareciera que tuvieran la vida resuelta–.
Se te ha revelado un
secreto. –dijo ella –. Casi innegable de la vida, pero hay que
materializarlo en pos de entenderlo, hay hombres que se pueden dormir con una
vagina en la boca, que después de venirse les da cólera, porque cuando
entienden que revolcarse con una mujer no implica un gran esfuerzo sino un gran
teatro, pueden mandar a la mierda las ganas de seguir timando. Al final todas
tienen los mismos olores, gimen igual, dicen las mismas tonterías, los besos
saben a nada, es mejor pedirles el taxi sin siquiera haberse quitado la ropa.
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