"Por fiel que uno quiera ser,
nunca deja de traicionar la singularidad del otro a quien se dirige.”
Alguna vez te dije que eras la
medida de mi tiempo, sí eso hoy es así no sé hacia donde prosperan los puños
del tictac. Eres el garrote que me acompaña en cada pausa del día. Obligo a mis
pies a transitar, pero sin razones no se puede trasladar. Cambiaría todos estos
escritos por una frase definitiva, por un ultimátum. Sólo dame una vez más esa
mirada pesada y hechizante, llena de retribución sexual, como aquella después
del amor. Hoy se trata de un infortunio pequeño y templado, que no es
provocativo, por el otro lado es confortable. De no ser por tu recuerdo no
podría abrirme a la artificialidad de las cualidades humanas, la naturaleza de
estas palabras son provenientemente supletorias, este párrafo no posee
fin.
Aún me sorprende lo definitivo de
tu adiós, y lo difícil que es mantener mi medida cautelar, es difícil aferrarse
a nada. Supongo que el error está dado en mi visión diacrónica de nuestra
relación, cuando debería verla desde lo sincrónico. Pero cómo determinar un
momento preciso sí entre los dos hay más que amor, porque constituimos un solo manojo
de tripas. Esto lo digo desde una posición heterosexual falocéntrica, porque
suelo beber y negar con todo mi cuerpo la embriaguez. Lo importante de ser transparente
es que puedan ver lo podrido que estas hasta el infinito. Aunque mis
decadencias y lamentaciones son todas una mentira, soy yo el que me lanzo hacia
la superficie de mi mismo, para escapar a las identidades fijas, porque de no
ser así carecería de misterio, no podría platicar con tu lado nómada.
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