sábado, octubre 27, 2012

¿Qué es lo que he hecho?



A veces parece que mi vida se detuvo un día a las 6 de la tarde, que es un eterno atardecer perecedero, blando, lluvioso, rojo, sin expectativa, inútil. Aún me siento lento y mojado, untado de sueño, sabor a pintalabios en la boca y otras partes, recuerdo bien tus perlas frías colgando. Qué puede importar ser libre cuando se tienen 15 ahora de vida antes de volverse a acostar.

Esto que lees se parece más bien al esperma, algo que murmura con malicia: “recuerdo de amor”. Me asqueo fácilmente de mi, como cuando tienes diarrea y no quieres tocar ni ser tocado, como si conservaras cierto olor. Eres de las pocas que le gusta oírme hablar sobre mi mismo, exponer mi pequeña conciencia, mis problemas morales. En ocasiones siento que sólo soy un caso más de tu psicología. Es como cuando rompes un florero, aparentas disgusto y vergüenza, pero en el fondo tienes la conciencia tranquila.

No dudes que me hice la promesa de colmarte de amor. Cuando el intento de amar no es mutuo, es tan revelador como una blenorragia, es una enfermedad venérea, es eso lo que tenemos que comprender. Cuando entiendas que estaré a 8.800 kilómetros pensarás con ardor: “hubiera sido mío. Aun idiota, aun deforme, hubiera sido mío.” Hay aspiraciones secretas, lóbregos contratos, tan solitarios, tan infamantes, complicados de disimular a tanta gente, que nos hacen sentir culpables y nos dan horror de nosotros.

Esto es lo que te hubiese escrito si algo tangible hubiese pasado entre nosotros. Ahora es sólo un agobio de responsabilidades cívicas, hablarte bajo, no tocar lo que tengas expuesto, ejercer con moderación pero con firmeza el espíritu crítico, nunca olvidar la más sagrada de nuestras virtudes, la penitencia. Eres como la dignidad humana, se conserva aún sin saber que hacer con ella. Es cierto entonces que se te puede amar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares