miércoles, octubre 17, 2012

El verano de los otros

He despertado una vez más. He soñado con tu crimen, me incita a abrir los ojos la deslumbrante luz sobre mis parpados aún aplastados por el sueño. Considero que me harás un favor, y desde ese instante soy de tu propiedad. ¿Me has perdonado todo? Mis traiciones, mi instantáneo, mi esclerosis. Soy sólo un hombre, pero tengo el aspecto taciturno, apacible y pesado de una multitud. Sé que no quieres la opinión de un burgués, de un indecoroso pensador, de un pérfido de guardia.

Cuando me miras siento el aborto estallarme en la cara. Estas manos sin ti jamás tocarán la nieve, ni la carne de una mujer, ni la corteza de un árbol. Eres la imagen del mundo, brutal, radiante, mohína, exaltada, deplorable, llena de certeza, que reventarán con un alfilerazo en un globo. Todo a tu alrededor es tan natural, tan uniforme, tan periódico, que sencillamente basta para colmar una vida. Eres el tumor que late entre mis costillas número II y VII, del lado izquierdo de mi pecho. Tumefacción que no duerme, no tiene tiempo de dormir, se nutre y crece.

Escribo aplastado en esta silla, hundido hasta el cuello en mi propia vida y sin creer en nada. He tenido lo que quería, tu nombre, tu cuerpo, tu sentir, asunto acabado. Ya no espero nada. Pero aún queda sobre mi tu sabor a sangre, tu eres tu propio sabor, existir es bebernos sin sed. Al recordarte siento que estoy en otra parte, como si no hubiese nacido del todo. Me cargo de razones para escribir esto, de lo contrario serían disparates, y continuo esperándolas. Espero algún día olvidar respirar, y así todo habrá concluido.

La forma más terrible de la soledad es enfrentarse a la belleza. Por eso cuando te veo parece que viviera una catástrofe. Déjame volver a sentir como extraviar mi conciencia, colmarla de tu olor, sentir desde ella tus brazos, sentir los pliegues de tus caderas, sentir tus besos que se prodigaban sin cesar. Ser tú sin dejar de ser yo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares