Perdido en tu emporio, intento
sin ganas de ponerme por encime de todo esto, escucha bien lo que lees, mi
mente se fue de itinerario durante cuatro noches, en cuatro camas, con cuatro
cielos distintos, pero tu recuerdo ha estado en todas ellas. Al escuchar mis
pensamientos aparecen sonsonetes sobre mis sueños. Estoy cansado de decirle a
algo en mis adentros sobre como debe ser, eso sólo acrecienta la pena que me
viene devorando, sólo rasguñas los yunques que son tus recuerdos, no quiero
discutirme esto una vez más, porque únicamente punza y logra que gimotee.
Entonces así es como se siente, perdemos la fe mientras más nos alejamos, ya no
hay tiempo para pedir más, la medida de tu ausencia la tendrá el tiempo. Dicen
que el olvido es un pequeño edén, pero el camino a él es un averno; no ha de
extrañarte que hay cosas simples que me mantienen con vida, en contacto con el
resto, pero son ellas las que despiertan mi malestar.
¿Alguien nos podría explicar qué
hacer con todo esta desazón? Vete lejos, cambia todo a tu alrededor, pero tu
cama y tu cielo me traerán de vuelta, dime que me amas, sólo necesito dar oídos
a eso una vez más. Sé que estaré bien el momento en que lo digas, sostén mi
levedad y déjame sentir como sientes lo que llevo por dentro, porque no hay vocablos
para revelar lo que acarreo entre piel y huesos. Cuando intento deliberar y
hacer vínculos, y son estos los mayores temores de mi alma, es que encuentro la
mirada rechazada de tus ojos, la imposibilidad de soportar y guardar más
recuerdos. No es difícil ver a través de tus palabras. Y llega el momento en
que divagamos y se presenta las acciones de los demás que terminan por
afectarnos.
Todo se resume aquí, en esto,
gasto mi tiempo escribiendo, extrañando, añorando que sólo tu leas esto y
entiendas que es para ti, el resto puedo obviarlo, pero no tú. Espero sentado
en mi ventana al mundo, mientras allá afuera el desorden destruye, mientras
aquí adentro me pienso egoísta, mientras el resto estarán atrapados en algún
lugar, de alguna forma. Te has llevado los amaneceres, y has dejado un poco de
fango. Soy el que camina por la costa de tus recuerdos, las olas siguen
pasando, y arrastran la arena que soporta mis pies. Al final esto es sólo una
manera de sobrellevar mi ridículo abatimiento, no hay conclusiones posibles, ni
de donde estoy, ni de donde querré estar. Recibe esto como uno más de mis
conjuntos de palabras hechos bajo el telón de tu recuerdo, yo trataré de no decender
más.
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