sábado, agosto 04, 2012

Un mundo feliz

  Son las verdades más atroces a las que debemos aferrarnos. Partiendo de esta premisa podemos decir que la primera y la imprescindible de todas las verdades atroces es el problema del “ser”. El inconveniente que acarrea el “ser” es su estado de constante creación, lo cual niega que sea un sujeto definido, moldeado y consumado. Esto implica según Sartre un problema fundamental dentro del accionar humano, estamos condenados a la libertad, y no sólo a ella, también a la responsabilidad que nuestras elecciones traen consigo.

La libertad nos convierte en entes llenos de pasiones inútiles, porque nunca llegaremos a ser aquellos que queremos, y es entonces cuando aparecen las ilusiones, lo artificial, producto de nuestro quebradizo intelecto, de nuestro insulso proceder, pero entonces es en este instante que el humano se da cuenta de esto que debe entrar en acción, que debe inventar y elegir, justificar sus infructuosas pasiones, y al elegir un modelo no sólo se condena a si mismo a el compromiso, sino que también elige por el mundo entero.

Somos el primer mamífero en usar pantalones, y con esto quiero decir que el capitalismo cultural, que es la relación que existe entre la estructura socioeconómica  de una civilización y  su cultura, ha sido fraccionada por todos los cambios ligados a fenómenos económicos como la globalización, las multinacionales o las transnacionales. Los cambios en la cultura se pueden ver manifestados en conductas sociales discrecionales, la muerte del arte y el nacimiento del artista formador de público, el hedonismo pop, la decadencia de la ética protestante, entre otros, (conceptos de Daniel Bell).

Pero finalmente el problema más grande de la humanidad es ese rol indiferente que asumen lo que tienen poder y conciencia de los problemas planetarios, porque al final los que pueden hacer algo son los intelectuales y los ricos. El papel de los intelectuales a finales del siglo XX y comienzos del presente ha tenido matices de “miedo a la revolución”, se sueñan con sociedades utópicas pero se realiza muy poco en pos de alcanzarlas; el poder económico concentrado en tan pocos individuos es una brecha muy grande para lograr un mundo feliz, ningún modelo económico ha probado funcionar y ni hablar de la crisis económica.

Son estas atrocidades las que deberían cuestionar y sopesar sobre nuestras conciencias a diario, porque la creación, es lo condición que nos permite rebasar el esto, el aquí y el ahora, diría el maestro Darío Botero Uribe.

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