Son las verdades más atroces a
las que debemos aferrarnos. Partiendo de esta premisa podemos decir que la
primera y la imprescindible de todas las verdades atroces es el problema del “ser”. El inconveniente que acarrea el “ser” es su estado de constante creación,
lo cual niega que sea un sujeto definido, moldeado y consumado. Esto implica
según Sartre un problema fundamental dentro del accionar humano, estamos
condenados a la libertad, y no sólo a ella, también a la responsabilidad que
nuestras elecciones traen consigo.
La libertad nos convierte en
entes llenos de pasiones inútiles, porque nunca llegaremos a ser aquellos que
queremos, y es entonces cuando aparecen las ilusiones, lo artificial, producto
de nuestro quebradizo intelecto, de nuestro insulso proceder, pero entonces es
en este instante que el humano se da cuenta de esto que debe entrar en acción,
que debe inventar y elegir, justificar sus infructuosas pasiones, y al elegir
un modelo no sólo se condena a si mismo a el compromiso, sino que también elige
por el mundo entero.
Somos el primer mamífero en usar pantalones, y con esto quiero
decir que el capitalismo cultural, que es la relación que existe entre la
estructura socioeconómica de una
civilización y su cultura, ha sido
fraccionada por todos los cambios ligados a fenómenos económicos como la
globalización, las multinacionales o las transnacionales. Los cambios en la
cultura se pueden ver manifestados en conductas sociales discrecionales, la
muerte del arte y el nacimiento del artista formador de público, el hedonismo
pop, la decadencia de la ética protestante, entre otros, (conceptos de Daniel
Bell).
Pero finalmente el problema más
grande de la humanidad es ese rol indiferente que asumen lo que tienen poder y
conciencia de los problemas planetarios, porque al final los que pueden hacer
algo son los intelectuales y los ricos. El papel de los intelectuales a finales
del siglo XX y comienzos del presente ha tenido matices de “miedo a la
revolución”, se sueñan con sociedades utópicas pero se realiza muy poco en pos
de alcanzarlas; el poder económico concentrado en tan pocos individuos es una
brecha muy grande para lograr un mundo
feliz, ningún modelo económico ha probado funcionar y ni hablar de la
crisis económica.
Son estas atrocidades las que
deberían cuestionar y sopesar sobre nuestras conciencias a diario, porque la
creación, es lo condición que nos permite rebasar el esto, el aquí y el ahora,
diría el maestro Darío Botero Uribe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario