domingo, agosto 10, 2014

Destruktion

“Deshaced ese verso,
quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma...
Aventad las palabras...
y si después queda algo todavía,
eso será la poesía.”
–León Felipe

–Nunca me vuelvas a perdonar. No puede ser que me quieras quitar hasta mis remordimientos –dijo él.
–Te perdono porque no sé lo que quiero de ti –dijo ella.
–¡¿Entonces para qué me sirve tu perdón?! –gritó él –déjame continuar buscando la mirada que me esquivas obstinadamente.
–No tienes ninguna razón para gritarme –dijo apartándole de nuevo la mirada. Ella no deseaba ya nada, tan sólo quedarse en silencio un largo rato junto a él, y que a la media noche se marchara sin hablar.
–Tú has tenido siempre ese aspecto tan sólido, que sólo logra fastidiarme –dijo él.
–Pero ahora puedes constatar que no soy tan sólida –dijo ella. Quizá él no entendía  que sus críticas reflejaban el conocimiento que poseía sobre la relación, sobre los límites y alcances de su accionar.
–No puedo soportar más la consecuencia de un viejo acto. Esa acción no nos define, es un acto que hoy siento extraño, desconocido, que no comprendo pero que aún revoluciona nuestras vidas –dijo él. Tenía ganas de irse pero sabía que no iba a ganar su libertad por abandonar a una mujer.
–Tranquilo, yo no creo que existan los actos irremediables –ella le decía esto porque él estaba tan acostumbrado a la razón que no podía lidiar con la nada.
–Tú cree lo que quieras, yo lo único que sé es que cuando el día de hoy acabe se llevará consigo nuestra juventud –dijo él.
–¿Es acaso ese tu deseo? Porque es el animal el que desea cosas, el humano desea deseos –dijo ella.
–El deseo tan sólo se desea a si mismo, por encima de cualquier miedo, incluso al de morir –dijo él a pesar de que se sentía usado por el lenguaje y las prácticas sociales que lo generan.
–El mundo es lo que el “yo” construye. Y en este momento deseo un mundo sin ti. Por favor vete y si tu deseo lo desea vuelve mañana y nos terminamos estas botellas –dijo ella.
–De acuerdo, lo acepto porque todos somos marionetas de algo que no va a ningún lado, de algo sin sentido –dijo él, le besó la frente y se marchó en silencio. Se fue así sin más porque entendía que la ideología de cualquier hombre o mujer, sin importar que fuera la del ser amado, era una relación imaginaria que hacen los sujetos con sus relaciones y condiciones sociales. Y como todas estas representaciones suceden en la mente no tenía otra opción que irse en silencio. 

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