“Todo lo grande está en peligro.”
–Platón
–Platón
Un humano debe dejar clara sus
convicciones e intentar, aún en la derrota, vivir bajo máximas éticas. Se debe
tener la ambición de ser coherente con su discurso y su forma de vida. Porque
al final no se puede transformar el mundo sin antes pensarlo, pero sobre todo
no se puede transformarlo si no creemos que nuestras acciones marcan la
diferencia.
De las cosas que más le repito a
la gente es el hecho de que odio la ignorancia. La odio hasta el punto de repugnarme
cuando yo soy el ignorante. Pero también hay que decir que la ignorancia no es la carencia de
conocimientos, la ignorancia es una actitud en relación al conocimiento. Es que
a una raza como la nuestra no se le puede regalar optimismo. La mayor condena de
nuestra raza es la barbarie y las tinieblas bajo las que vivimos. Una persona
que tiene el acceso a la educación está condenada moralmente a educarse.
Condena bajo los ojos de los que no fueron tan afortúnanos como para acceder al
sistema de educación. Pero tener un diploma no es ser un “educado”. Una persona
cultivada y bien educada es aquella que asume su responsabilidad frente al
mundo y en relación a su vida. Es una persona que entiende que la única vida
digna de ser vivida es aquella cuyas virtudes sean entendidas desde el
conocimiento y la responsabilidad social. Yo no culpo a los ignorantes, culpo
al clima social que los genera. Culpo a la Industria Cultural llena de modas y
tendencias inútiles, al sistema de mercado capitalista que procesa seres complacientes.
En un país como el mío, Colombia,
la gente con acceso a la educación no ha ni siquiera comenzado a entender que
no somos una simple cosa que acepta el mundo exterior tal como se lo han dado,
tal como está. Las personas que superan ese estado tan simplón, se encuentran
frente a la encrucijada que supone transformar
el mundo. Para acercarse tan siquiera a transformar algo, primero se debe
empezar por uno mismo. Tenemos que dejar de glorificar la clemencia, la lástima,
la austeridad y la delicadeza. Eso valores no nos llevaran a ningún lado. Los
colombianos (si es que esa palabra alcanza a agrupar a esa masa amorfa) debemos
entender que las verdades luchan y se
reivindican, que las verdades que nos
han pintado desde que nacimos, esas cosas que asumimos como normales, los
asesinatos, los paseos millonarios, la barbarie, la corrupción, la violencia
son hijos de un poder, y es este poder el que ha instaurado esas verdades a través de un sistema de des-educación y adoctrinamiento, porque un
colombiano siempre sabe lo que tiene que saber. Porque un colombiano sabe de
fútbol, de chismes y de televisión. No tiene ni idea donde quedan los Montes de
María, el Bajo Baudó o la capital de Guainía. No puedo negar que mi verdad es el resultado de la colisión
constante de verdades.
El colombiano se envejece sin
siquiera llegar a ser joven. La mayoría de colombianos han entendido mal lo que
significa ser joven. La adolescencia es la única etapa en la vida en la que
tenemos la obligación moral de ser una constante revolución. Los colombianos
siempre hacen lo correcto, van a la universidad, leen lo que tienen que leer,
bailan lo que tienen que bailar, escuchan lo que tienen que escuchar, y cuando
menos se lo esperan ya tienen un trabajo, un sueldo y una hipoteca, tienen hijos,
esposa y una vida que le deben al banco. Los jóvenes colombianos son como Cuba,
su revolución se envejece como Fidel. Creen que ser joven es sinónimo de
madurar, cuando en realidad ser joven es la única oportunidad que se nos concedió para
superar el entorno de nuestro tiempo.
No pretendo que este pequeño
discurso sea una verdad, porque la verdad
es un juego en el que cada quien se entrega a la embriaguez. Porque sé que
no hay hechos, tan sólo interpretaciones. Yo sólo quiero que mis escritos sean
un llamado a la reivindicación de los sentidos y la revaluación de la razón. No
se confundan, yo entiendo que nosotros los colombianos somos sujetos ausentes y
no podemos dominar nuestra realidad. Pero donde
hay poder, hay resistencia. Y así mismo donde hay idiotas ignorantes hay
humanos como yo que nos resistimos, que nos revelamos, aun sabiendo que nuestra
resistencia es inexplicable.
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