01 de mayo de 2010
Los seres humanos no somos otro cosa más allá de tripas, pero con solo esos elementos podemos sublimar nuestra existencia a estados confusos, donde inventamos el amor. A pesar de sentimientos tan fuertes como esos derrochamos la vida entre 4 paredes, tratamos de olvidar, fingir, inventar, para que ningún día saltemos por una ventana.
Debemos ser concientes de nuestros verdaderos problemas, de nuestras necesidades reales, a tu lado ellos existen, pero no la desesperación total, porque la sensación que sufre el conejo blanco de ver correr aquel minutero, se ha apartado de mi vida.
Tu espalda que me grita, tu boca que me llama, tu pecho que respira, tus piernas que se aprietan, tus manos que juegan, tu universo que me atrapa; debemos evitar concebir el acto en medio de la tristeza, recordar los cuerpos que sudan gracias a la proximidad, nada a tu lado es aburrido, seco, estúpido, tortuoso o absurdo.
Me beberé el tiempo, me lo beberé porque tengo todo el tiempo del mundo, está escrito en las estrellas, como decreto de Dios; tenemos las piernas para correr, pero mejor para arranchar.
No me digas que me deseas, que me necesitas, que me amas, yo creo entender, de no ser así, soy paciente, hasta el día que la luna salga por el horizonte y corras a abrazarme, mientras vemos nuestros mundos colapsar, mientras la inevitable marea nos sumerge.
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