“A
la realidad le gustan las simetrías”
J.L.
Borges
Querido amigo Jonatan,
Sé que toda tu vida has escrito tu nombre
de esta manera “Jonathan”, pero éste viene del Hebreo, significa dado por Dios, y en español se
escribe sin h. Toda mi vida me he visto tentado a llamarte por tu segundo
nombre, Nicolás. Debe ser porque es de origen griego y significa la victoria del pueblo, pero es tu
familia la que siempre te ha llamado por ese nombre, a pesar que en el seno de
tu hogar siempre me han tratado y me he sentido como uno más.
La semana pasada tuve la oportunidad de
leer “Esperando a Godot” de Samuel Beckett, una pequeña obra de teatro donde
sus dos protagonistas, Vladimir y Estragon, se les pasa la vida esperando una
supuesta cita con Godot, el cual nunca llega. En un principio pensé que Godot
era yo, y que tú me esperabas en algún punto de nuestra Cartagena. Pero entre
los sueños y las noches caí en cuenta de que Godot eres tú, y yo soy un poco de
Vladimir y algo de Estragon, porque la esencia de mi actitud a lo largo de
estos dos años no ha sido otra que la espera.
Durante los últimos meses te he llamado
con cierta regularidad, a pesar de que creo que las palabras son todo lo que
tenemos. La vida se nos ha ido, ya hemos dejado de ser adolescentes para
afrontarnos a algo más tenue y lóbrego que es la consecuencia de haber
adquirido un diploma universitario. Por cierto, nunca olvides que en las
universidades privadas del país está la crema de la nación: los adinerados e
ignorantes. Cada despertar trae consigo una incesante pregunta: ¿Estoy en el
lugar correcto? Y con ella una contrapregunta: ¿Correcto para qué? La
existencia marcha sola, la piel cambia y cada decisión que tomamos enfrentados
hacia un futuro incierto termina transformándose en ley.
Desde hace varios años hemos aceptado que la
palabra “amigos” no nos corresponde, la “hermandad” quizá sea la más adecuada,
pero cada palabra tan sólo es un silencio, una quimera y una sombra. Estoy
seguro que pronto nos veremos, estrellaremos contra lo imposible todo este
tiempo y llevaremos en una noche enfermiza y brutal la esperanza de toda
nuestra generación hacia la nada. Sabes bien que soy un hombre de pocas
palabras, porque no tengo mucho que decir, espero sepas perdonar mi espera. Por
ahora disfruta de la compañía de los tuyos, de esa mujer (Tefi) que un día te
encontraste disfrazada de ángel, la cual habías esperado toda una vida.
Tú que compartes el nombre con el último Zar de la dinastía Románov y con el poeta nacional cubano cuyos versos en la voz de Pablo Milanés me ha alegrado la vida incontables veces, espero encontrarte antes de que voces ya no humanas nos despierten.
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