Respuesta a un amigo:
Paris, 22 de abril. 2013 21:06
Lo primero que debo decir es que bajo el velo de nuestra inter-subjetividad usted es mi amigo. Sabe bien que poseo una gran empatía con lo seres humanos lo cual deviene en una gran apatía. Usted me describió de una manera brillante: “usted es una sustancia desagradable pero pegajosa.” Quizá al final de la vida los únicos que puedan juzgarnos serán nuestros amigos. Mi padre en una de sus titánicas y simples enseñanzas me dijo: No existen los malos amigos. Los amigos son buenos o no son.
La vida me ha permitido elegir a mis amigos. Un costeño, un rolo, un judío y usted. Y hoy que me encuentro lejos de aquellos a los que respeto y añoro me siento abrumado por el anonimato. Y esta sensación se asemeja a su odio. Porque no son más que la forma en que negamos la muerte. Pero ni usted ni yo somos hombres de masas, nos importa una reverenda mierda el que dirán. La muerte es un fenómeno que le ocurre a cualquiera y no sólo a “los otros”. Nosotros dos, sobre muchos otros, somos seres errantes que no nos detenemos y de cuando en tanto profundizamos sobre algo.
No tiene que repetirme que soy un pedazo de mierda. Yo lo sé. Porque si ser un ser humano de mierda es ser un profundo amante de Apolo y de Dionisio, pues lo soy. Usted es sin duda alguna mi amigo más inteligente y profundo, y dado que es como es (entienda lo que quiera por mi interpretación de su “yo”) es la amistad que me cuesta más. Y si a esto le suma que considero que la amistad es el sentimiento más noble del humano, por encima del amor, entonces entenderá que comparto lo patético y arrogante que hemos sido ¿Pero ha acaso contemplado una realidad menos trágica y desdeñosa que ésta? Yo ni me atrevo a perpetuar un acto como tal, porque al final somos causalidad proteica y ni eso nos puede definir.
Estoy de acuerdo con que usted es melodramático, superfluo, redundante, traumado, abusado y un inadaptado social. Pero eso amigo mío parte de usted, esa es su propia voz, su crítica. Y para mi no alcanzan las palabras para definir a un ser humano y mucho menos a uno que considero mi amigo. Durante los últimos dos meces he dejado a un lado las redes sociales y sus derivados. Gasto muy poco tiempo conectado a la red. Sólo porque estoy viviendo en Paris, y este es el sueño de toda mi vida. Y en esta soledad inducida en la que me he dejado arrastrar he encontrado un par de cosas que valen la pena. Porque la soledad nos muestra lo que nuestros deseos más profundos abogan para nosotros. Porque sólo un hombre bestial o un dios pueden florecer solos, diría Aristóteles.
Creo que siento tristeza de escucharlo decir que le preocupa alcanzar un estado mental de paz. Yo no creo que una persona letrada y culta como usted logre algo así. La paz es para los mediocres, para nuestros excompañeros que sueñan con “ser-alguien” porque hasta el día de hoy no han sido más que los otros. Pero usted, mi querido camarada, usted no vino a este mundo en busca de la paz. Usted es el claro reflejo de la persuasión del impulso de lo insensato. A esto debo agregar que su carta estalló en mi cara cuando leí: “And if I ever dare say so, the only brother I ever had.”
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