Mañana de sensaciones injustas.
Porque lo indescifrable de cada verso puede que termine por hacerte marchar en
la mitad de la noche. De cada pregunta de ese suspiro matutino no quedará ni la
fuerza de los muros que creíste haber levantado. Te veo como la criatura que me adormece entre la ausencia de
comodidad y los gritos arrojados. Su carne no sería mía si yo fuese de ella.
Separa sus extremidades con desdén y agonía, descose su última oda a la
conmoción.
Me despierto y siento como me sostiene.
Como me pellizca y me abraza. Como me traslada agarrada a mi piel ceñida. Me
engancha con hilos que no logra equilibrar. Mientras ella clava su mirada en
este órgano que me digo que es el músculo más grande de mi cuerpo inferior ante ella, inculca y estornuda mujer.
Eres cruel porque nací libre y
encadenado a esto que me quita el aliento y me llena de éxtasis de la misma
forma como me lavo los ojos. En ti se oculta el caos y el suspiro que se
despilfarra en el vació de tus promesas de cambio. Sé que tienes ausencia de
mujer y aunque me desgaste en hacerla volver o que se retenga en estos
vocablos al final sólo será un efecto limitado.
Eres un devenir constante y
asfixiante, que en el suspiro me pregunta mi existir, ahora existo a través de
tus ojos y me pregunto: ¿Yo que no soy real de qué puedo estar enamorado?
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