Londres es una ciudad que se
agarra su historia de una forma pura. No importa donde uno se encuentre la
ciudad te atraviesa, no al contrario. Se podría decir que cualquier tasa de té
sabe divinamente. En cada esquina hay un ingles que te refuerza el sentir de
esta nación. La primera vez que visité esta ciudad me fui preocupado de haber
malgastado mi única oportunidad de conocerla. Mi error fue pensar que se puede
terminar de conocer una urbe como esta. Aquella vez malgasté mis días emborrachándome con unos
amigos y turistiando con mis padres. Esta vez no hago más que caminarla y sentirla, sin entrar a tantos
museos.
Londres le susurra a sus
transeúntes que a pesar de la lluvia y el frío sus museos siempre están
abiertos, y además los importantes son gratis. Esta última característica dice
mucho de una cultura y de su sociedad. Claro también dice de todas las guerras
que promovieron y las atrocidades que cometieron, como la mayoría de las
naciones europeas. Londres no sólo es la ciudad más grande de Europa con sus doce
millones de habitantes, también tiene una de las redes de servicios de
transportes públicos más grandes del mundo. Subir y bajarse del Underground
hace que cualquiera apriete los dedos de los pies.
En algún momento de la historia
los territorios sobre los que era soberana la Reina Victoria correspondían a un
cuarto de la superficie terrestre. Sin duda el Reino Unido es aún un imperio y
por eso al parecer todos su habitantes marcha a su ritmo. La bastedad de una
isla no tan grande me hace pensar en la pasión que algunas mujeres me
despiertan y lo frío que se ha quedado mi corazón al ver algunas partir. Es un
territorio que pareciera tener sobre él una nube eterna, por eso cuando sale el
sol sus habitantes se asombran de verlo, al final lo único que podemos hacer es
vivirla mientras seamos jóvenes.
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