domingo, febrero 17, 2013

Des-bordado


Cuando miras a estos dos seres descubres en ellos algo rígido, casi maniático, suelen encontrarse a destiempo. Que él fuera una etapa en la vida de ella, ya era bastante duro, pero que ella fuera una etapa en la vida de él, eso sí era inconstituyente. Él se encontraba allí, sin memoria, sin consecuencia, sin defensa, como si fuese una transparencia; mientras tanto ella contaba con la última probabilidad de que él en medio de esa muchedumbre atareada, felizmente el furor lo desbordara y así se diera inicio a la fuga, al desfile de las palabras:

–Tiendo a enardecer de repente, mi cólera es sólo un parpadeo y nuestra historia jamás ha de ser lineal. –salieron palabras de su boca –. Confío en la visión que tienes de la vida y de esto que no has podido nombrar. Me contemplas como alguien feroz, orgánico y coordinado, pero yo no tengo una energía inagotable, ni coraje, ni emprendimiento, sufro de exceso de ansiedad y me molestan los cambios en el libreto, sólo funciono sí percibo tu confianza – terminó tajante su frase y apartó su mirada de ese cuerpo anhelado –.

Ella no titubeó y le respondió enérgica: –En tu presencia las palabras no tiene principio ni fin, fluyen con animadversión, construyen a su vez un personaje. Vacilo al ver la forma en que mueves tus manos, pensando que como aquel pelo tuyo yo también podría caer enamorada una y mil veces –.

Era tan atropellado ese disminuido reposo de su conciencia pura, que él no tuvo otra opción que buscar en su memoria un lugar familiar e indulgente y callar cualquier reproche, porque al final bastaba con una sola mirada etérea de los ojos de ella para perder el apetito por sí mismo.   

–Es por esto que bendigo el silencio, cierro los ojos y pienso en el ser que ha de matarme. No tengo el valor para camiar la vida contra el día. –Se sintió como si ella fuera la pesadilla de alguien más que acabaría por despertarse –.

–Te puedo sonar convincente, pero no tengo remembranza, lo único que queda es el deseo de enriquecer mi retroceso, me domina la pretensión de aprender de tu experiencia. Te pido no malinterpretar mi austeridad y método. –así él logró tranquilizarle –.

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