Cuando miras a estos dos seres
descubres en ellos algo rígido, casi maniático, suelen encontrarse a destiempo.
Que él fuera una etapa en la vida de ella, ya era bastante duro, pero que ella
fuera una etapa en la vida de él, eso sí era inconstituyente. Él se encontraba
allí, sin memoria, sin consecuencia, sin defensa, como si fuese una
transparencia; mientras tanto ella contaba con la última probabilidad de que él
en medio de esa muchedumbre atareada, felizmente el furor lo desbordara y así
se diera inicio a la fuga, al desfile de las palabras:
–Tiendo a enardecer de repente,
mi cólera es sólo un parpadeo y nuestra historia jamás ha de ser lineal.
–salieron palabras de su boca –. Confío en la visión que tienes de la vida y de
esto que no has podido nombrar. Me contemplas como alguien feroz, orgánico y
coordinado, pero yo no tengo una energía inagotable, ni coraje, ni
emprendimiento, sufro de exceso de ansiedad y me molestan los cambios en el
libreto, sólo funciono sí percibo tu confianza – terminó tajante su frase y
apartó su mirada de ese cuerpo anhelado –.
Ella no titubeó y le respondió enérgica:
–En tu presencia las palabras no tiene principio ni fin, fluyen con
animadversión, construyen a su vez un personaje. Vacilo al ver la forma en que
mueves tus manos, pensando que como aquel pelo tuyo yo también podría caer
enamorada una y mil veces –.
Era tan atropellado ese
disminuido reposo de su conciencia pura, que él no tuvo otra opción que buscar
en su memoria un lugar familiar e indulgente y callar cualquier reproche,
porque al final bastaba con una sola mirada etérea de los ojos de ella para
perder el apetito por sí mismo.
–Es por esto que bendigo el
silencio, cierro los ojos y pienso en el ser que ha de matarme. No tengo el
valor para camiar la vida contra el día. –Se sintió como si ella fuera la
pesadilla de alguien más que acabaría por despertarse –.
–Te puedo sonar convincente, pero
no tengo remembranza, lo único que queda es el deseo de enriquecer mi retroceso,
me domina la pretensión de aprender de tu experiencia. Te pido no malinterpretar
mi austeridad y método. –así él logró tranquilizarle –.
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