Activo mi
cabeza con un poco de Jack, el universo se estalla frente a mis ojos. Yo te he
hablado de muchas cosas, pero escribirte jamás, por eso, es hora de aceptar lo
inevitable, debo aceptar lo que me lleve al infortunio, qué más da, el tiempo a
tu lado se ha agotado, es mejor orearse y quitarle el precio al aislamiento,
porque sólo en tu devenir encuentro paz. Lo bueno de lo escrito es la
constancia, lo que no estuvo en papel nunca existió, de igual manera ya no hay
nada que desenlazar, vos lo sabes todo y nada a la vez. Las mujeres en mi vida
no son más que eso, derroques, y con ninguna olvidaré lo infinito, estar así,
medio vacío es mi esqueleto, ninguna me dará las llaves del paraíso.
No soy más que carne y huesos amando en tiempos de excitación, te enterraré en medio de tu desgracia, el amor no es otra cosa que el desastre que trae consigo la predestinación. Son atributos ridículos los que te acompañan pero, son ellos los que alimentan mis gusanos, te recuerdo que no me importa el protocolo con una mujer, y por eso te miro las betas de tus senos. Hoy recordé la ira que me invade en momentos de ignorancia; no sé si son libertad o condena mis pasiones inútiles, pero tu le diste vida y ganas a este semestre que se acaba, eres el motor de mi intrepidez en momentos de desasosiego.
“Tú también entras en la danza y, colgándote
del brazo de la vileza de los demás, te inclinas ante el destino vano, olvidas
tu asco y te olvidas de ti mismo”. No sé tu,
pero a mi ese pasaje me recuerda aquella vez que te vi bailando en las calles
discordantes de esta puta ciudad, dentro del hastío que genera sus transeúntes.
¿Has visto tu reflejo en canales de esta urbe? Eres como el ocaso histórico que
seca los caños y les da mal olor, eras como los vidrios empañados de una galera en pleno acto, eras eso, éxtasis-cortante. Todo lo que escribí fue mentira si
para ti no re-significó nada, si no despertó nada en tu conciencia...
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