Entendido que la construcción del “yo” es un aspecto infinito dentro del fluir de la conciencia, entonces, ¿puede existir o no un Da-sein, o son varios?
Cada vez que actuamos alimentamos el-ser(es)-en-el-mundo, y al poner esa acción en perspectiva encontramos que el pensamiento es sobrepensamiento de un sobrepensamiento lo que alimenta las posibilidades de ser en el mundo, la reflexión sobre el “yo(s)”. El problema de esta dialéctica está dado en que la acción sobre mi mismo tiene un propósito conocido, pero la acción en si misma es inoportuna.
La reflexión constante sobre el ser origina relatos metafísicos de esa percepción de lo que somos, y tratamos de encontrar diferentes personalidades dentro de un mismo ente, como dice Borges (y se queda corto) en “Borges y yo”, cuando dice al final del micro-cuento: “No sé cuál de los dos escribe esta página.” En la literatura se encuentra infinidad de estos Alter egos, pero desde esta reflexión no es más que la generación de modelos de algo real, que no tienen un substrato de origen hiperreal. Por eso es que algunos prefieren referirse a si mismos como la diferencia entre un Yo interior, y un Yo que se manifiesta en el mundo.
Somos modelos de simulación, somos los simuladores de nuestra realidad, y si no podemos crear ilusiones quiere decir que lo real tampoco es posible, dado que todos los niveles de realidad están dados en el orden de lo que se presupone como real. Somos el estadio de no-certeza, sólo nos queda tomar los deseos como la última realidad, nuestra moral es un falso problema, nuestro organismo se revela ante nuestra conciencia en un estado de huelga permanente. Un organismo que nos rechaza, pero que se extasía, por eso es indisoluble su huelga, porque cree en la normalidad pero no quiere pertenecer a ella.
Somos el desierto de lo real, somos la nada.
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