Pensé que jamás escribiría estas palabras pero es momento de decirte adiós.
Pensé que nos duraría toda una vida, pero el tiempo que pasó quizá fue una vida
entera. Despierto en estos días de primavera riéndome de las burlas de antaño,
ese refugio donde alguna vez fermentó el amor. Ya lo nuestro hace de los locos
latidos del corazón un atabal, así como nuestros últimos rastros de calor
pudren y lanzan a la nada aquel sentir. Hoy sólo queda los forzados, los
presidiarios, los reos de un sentimiento avinagrado, ese sentido
trágico-estético del humor que tanto me apasiona.
Al final la desdicha de nuestro
país no logró que el mundo nos consolara por tan fatal destino, ninguna otra
nación es menos que nosotros. Por eso planto una cruz sobre lo que hemos sido y
un yunque sobre lo que habríamos podido ser. He rapado mi cabeza en símbolo de
que es el cráneo el asesino de nuestras esperanzas; no somos más que nuestra
naturaleza, no somos más que ese temblor que rompe todo en nosotros y nos
devuelve al principio, al vientre, al inicio de nuestra fatalidad. Pocas
mujeres han logrado romper mi espejo reflectante de valores.
Cuando ella me pregunta el porque
de hacerle el amor, la única respuesta coherente radica en su mirada, no hay
más que eso, la sensación de resbalarme dentro de esos ojos, sentir que es el
tetraedro. Los dioses deberían castigarla por tener una mirada tan perfecta,
como lo hicieron con Prometeo. Pero el protocolo no me permite responder algo
así, por lo tanto opto por algo menos elaborado: lo hice porque tengo miedo a perderte, era la última carta que tenía
antes de la pequeña muerte, para que te inclinaras por quedarte.
Hoy trato de no venderle a la
mujer que me acompaña ningún teatro, pero sé que al intentar algo así también
pongo entre los dos un telón. A esa mujer con la que duermo y extraño cuando
sale el sol, a ese mujer que se encuentra junto a mi, quiero pedirle que al
igual que todas las que han estado sobre mi brazo, deben perder la razón,
porque seguir adelante siempre nos cuesta, y al perder eso que algunos
consideran necesario podemos olvidar lo aparente del sufrimiento.
(A quien sea que lea esto, gracias
por las cuatro mil visitas.)
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